Coco pequeña descansando en un regazo.
Pequeña, curiosa y muy bien acompañada.

La historia detrás de nuestra casita

Hola, soy Coco

Soy la conejita que le dio nombre a esta casita. Mi historia está hecha de orejas curiosas, mucho apetito y una familia que me quiso muchísimo.

Hoy les quiero contar un poquito de esa vida, a saltitos.

01 · Mi historia, a saltitos

Así encontré a mi familia

Llegué cuando mi hermano Kenji había dejado de acompañar a mis papás. En casa había un cariño enorme, y yo fui encontrando mi lugar poquito a poquito, con mis orejotas, mi curiosidad y muchas ganas de estar cerca.

Nos fuimos conociendo y queriendo, hasta que me convertí en su primera hija conejuna. Yo todavía era chiquita, pero ya sabía que un regazo y unas caricias podían ser todo un hogar.

Coco en brazos, junto a sus dos familiares al aire libre.
Con mis papás, descubriendo el mundo.
Coco junto al hombro de una persona que sonríe.
Cerquita siempre se estaba mejor.

02 · Mi historia, a saltitos

Crecer me daba mucha hambre

De pequeña tenía una ocupación importantísima: comer. Mucho, mucho, mucho. Entre un bocado y otro fui creciendo, explorando y aprendiendo cómo era la vida con mis papás.

Ellos me acompañaron durante mi infancia y yo los acompañé a ellos. Así, entre comidas, juegos y mimos, nos hicimos familia.

¿Que si comía mucho? Mucho, mucho, mucho. 20 s
Una pausa a mi manera. 12 s

03 · Mi historia, a saltitos

Mi hogar, mis pequeñas aventuras

Viví casi toda mi vida en nuestro hogar. Tenía mis espacios, mis rincones y la libertad de ir de un lado a otro. Mi casita era mi pequeño reino, aunque yo también tenía opiniones sobre el resto de la casa.

El cuarto principal tenía sus reglas. A mí me encantaba subirme a la cama, pero a veces me hacía pipí… y eso complicaba mis visitas. De vez en cuando arrancaba a toda velocidad y me colaba debajo de la cama antes de que mis papás pudieran detenerme. ¡Una carrera relámpago y ya tenía escondite!

Coco descansando sobre una manta azul junto a la ventana.
Mi rincón con vista al mundo.
Coco sentada sobre su manta azul, vista desde dentro del hogar.
Un lugarcito que era muy mío.
Hasta mi casita tenía un mirador. 18 s

04 · Mi historia, a saltitos

La compañía era mi especialidad

Cuando mis papás trabajaban, yo también estaba ahí. Mi trabajo consistía en acompañar: a veces cerquita de la silla, a veces debajo de la mesa y, cuando se podía, en brazos.

También les hacía compañía mientras cocinaban. Compartíamos muchos momentos cotidianos; no siempre hacía falta hacer algo especial. Estar juntos ya era un buen plan. Y sí: entre todas esas actividades, yo seguía comiendo mucho.

Coco en brazos de una persona sentada en una silla de escritorio.
Entre trabajo y trabajo, una pausa para los mimos.
Coco acostada debajo de una mesa, junto a una silla.
La mejor compañía también sabe estar en silencio.

05 · Mi historia, a saltitos

También sabía bajar el ritmo

Después de explorar y comer, tocaba descansar. Me estiraba, acomodaba las orejas y encontraba un lugar para dormir sin ninguna prisa. Una alfombra, un rincón o la compañía de alguien en la sala: tenía mis favoritos.

A veces se preguntaban si no me daba frío por dormir afuera. A mí, en cambio, hasta me daba calor cuando estaba dentro del apartamento. Mis papás me conocían, me cuidaban y me querían muchísimo. También hubo paseos, pasto por descubrir y ratitos para simplemente estar.

Coco dormida sobre una alfombra gris junto a un mueble.
Me tomaba las siestas muy en serio.
Coco estirada sobre una pequeña alfombra.
Una alfombra y ninguna prisa.
Coco descansando en el suelo de la sala, junto a una persona sentada en el sofá.
Compartir la sala también era compartir la vida.
También había tiempo para explorar el pasto. 5 s

El amor que se queda

Ahora, esta también es tu casita

Ya no estoy con mis papás como antes: ahora descanso junto a mis hermanos perrunos, Kenji y Toboe. Pero tengo un lugarcito en una esquina de la casita, y sigo siendo parte de su historia.

Por eso el hogar donde viven mis papis se llama Casita de Coco. Es una forma de tenerme cerquita y de compartir el amor con el que vivimos juntos.

Cada vez que los invitan a jugar, conversar o tomarse alguito rico, también les comparten un pedacito de ese cariño. A mí me gustaría pensar que aquí todos pueden encontrar lo que yo encontré con ellos: compañía, calma y un lugar donde sentirse en casa.

Con cariño y un saltito,
Coco